Héctor Barreto, poeta y militante
Héctor Francisco Barreto Ibáñez nació en 1917, su madre Francisca, era una costurera que con su trabajo crió a tres hijos, ante el padre ausente. La familia vivía en Santiago en la calle San Diego, un barrio lleno de cafés, teatros, billares y librerías "de viejos" donde pululaban delincuentes, prostitutas y se reunía la bohemia de la época. La casa de la familia estaba precisamente detrás de una de esas librerías.
Los nombres de los bares y cafés del entorno reflejaban el entorno de bohemia y bajos fondos: "La Buenos Aires", "El Mundo", el "Miss Universo", El "Volga", el "Folis Bergére", La "Filórica Luz y Sombra" de don Ricardo Huerta, el "Salón América". Al parecer cada uno de estos sitios era lugar de reunión de grupos con intereses específicos; mientras el Miss Universo era el lugar de los poetas y escritores, el Volga lo era de los alumnos y profesores de la Escuela de Artes Aplicadas, de los jóvenes de izquierda y más precisamente los de la Federación Juvenil Socialista.
El joven Barreto se inclinó tempranamente por la literatura. A los trece años, había ganado un concurso literario en el Instituto Nacional, con "La perfecta belleza", un relato acerca de un príncipe ciego obsesionado con la delicadeza estética. Cuando era estudiante del Instituto Nacional, con apenas 15 años y como muchos otros muchachos de su edad, fue protagonista de las manifestaciones estudiantiles contra el presidente Ibáñez en julio de 1931.
Pero antes de manifestar alguna preocupación política constante se transformó en un lector incansable, amigo de un hijo de un librero de viejos, solía ocupar esta "franquicia" para satisfacer su cercanía con las letras. Llevaba continuamente libros sobre los más variados temas. Se iba con ellos en la tarde y al día siguiente ya los había leído. Leía hasta las 4 o 5 de la mañana. Podía pasar dos o tres días sin dormir. Y luego era capaz de dormir 16 horas de un tirón.
Terminados sus estudios liceanos, a los 19 años asistía como oyente a las clases de Derecho de la Universidad de Chile y trabajaba para ayudar a su familia como corrector de estilo en la editorial Ercilla Se unió al movimiento cultural de la época, insertándose de lleno en la bohemia local, por lo que comenzó a asistir a las tertulias donde, en torno a una botella de vino, se improvisaban cuentos y relatos en los que casi siempre ganaba. Aunque en el grupo al que se unió se discutía de todas las expresiones artísticas, las inclinaciones del joven eran fundamentalmente literarias, en particular cultivó esa facilidad de la prosa a través de la improvisación de cuentos.
Pero el mismo Barreto tenía inclinaciones muy precisas: admiraba la cultura clásica: "vivía en la Grecia antigua –relata el nacionalsocialista Miguel Serrano- y como si él mismo fuera la reencarnación de Alejandro Magno, a quien nos describía físicamente cual si sólo acabara de estar en su presencia". Pese a su corta edad ya había escrito varios cuentos y relatos que aparecían en revistas y periódicos:
Sus cuentos hablan sobre personajes sometidos a profundas situaciones existenciales, seres solitarios, vagabundos, introspectivos, meditabundos. Solo un relato, "Ranquil, lugar de muertos", escrito a propósito de la matanza de comuneros ocurrida en la región del sur de Chile, entra decididamente en la política.
Héctor Barreto era, como muchos jóvenes de la época, un aprendiz a medio camino entre la literatura y la política. Rescataba el individualismo como máxima expresión del ser humano, pero no rechazaba el colectivismo; sus cuentos reflejan la mente de un joven que poseía, pese a su temprana edad, no sólo un exquisito uso del lenguaje, sino también un fino talento literario. Como muchos en aquella etapa de la existencia vivía con pasión y entrega sus ideales y adoptó el apodo de Jasón, el héroe griego, su propio modelo literario y de vida.
Fernando Marcos señala que en nuestro grupo “no se hablaba de política en ese entonces. Pero, poco a poco, los ecos de los grandes acontecimientos mundiales empezaron a conmovernos. Triunfaba entonces el nazismo en Alemania y empezaban a surgir en Chile los brotes del nacismo criollo.
Nos sacudió dramático manifiesto de Romain Rolland. Y más tarde, la violenta lucha callejera que estalló en Santiago, y en otras ciudades de Chile, entre los nazis y los jóvenes socialistas. Ocurrió entonces el asesinato de Manuel Bastías, de la Juventud Socialista de Concepción, a quien mataron los nazis en su propia casa...
“Yo pasaré a ocupar su puesto”, dijo Barreto. Y lo ocupó con tal audacia, con un heroísmo y un arrojo personal tan extremos, que los dirigentes de la Federación Juvenil Socialista llegaron a prohibirle que participara en los encuentros callejeros con los nacistas.
LA NOCHE DEL 23 DE AGOSTO DE 1936
La noche del 23 de agosto Héctor Barreto llegó tarde a su casa para comer. Su hermano Carlos yacía enfermo en la habitación que compartían ambos. El joven poeta pensó dormirse pronto, pero repentinamente le asaltó una idea: saldría por última vez, pero a partir del día siguiente se acostaría temprano. Metió la mano en un cajón del cual sacó unos papeles, los revisó, se los metió al bolsillo del abrigo, se arregló la ropa frente al espejo y -pese a la petición del hermano para que desistiera de su intento- salió dando un portazo.
El Café Volga estaba en la cuadra 12 de la calle San Diego, frente al Teatro Imperial. Allí se reunían frecuentemente los militantes de la FJS y los jóvenes aspirantes a escritores, algunos profesores y alumnos de la Escuela de Artes Aplicadas y clientes comunes y corrientes. Barreto llegó al café cerca de las 10.00 de la noche. Allí estaban Raúl Arenas y Fernando Marcos con algunas muchachas; "Jasón" había ido a buscar a Marcos a su casa para que le ilustrara unos cuentos (los papeles que había sacado de su casa antes de salir) y como no lo encontró, se dirigió al lugar habitual donde sus amigos se reunían. Los contertulios estuvieron poco rato, cuando ya se retiraban llegó un numeroso grupo de jóvenes vestidos algunos con uniformes nazis y otros con mantas de Castilla y, previamente concertados, se repartieron en distintas mesas.
Los recién llegados comenzaron a provocar hablando fuerte y haciendo alusiones ofensivas. Alguien fue a buscar a carabineros y cuando apareció un guardia, Barreto, asumiendo una actitud protagónica, lo conminó a registrar a uno de los nazis diciendo que estaba armado. El policía encontró un laque al aludido quien, al parecer, era un músico de orquesta. Siguió una confusa discusión que terminó con el provocador detenido por el policía. La excusa estaba concretada, los nazis salieron del café. Ante el incidente, los amigos fueron a dejar a las muchachas a sus casas; Barreto se quedó solo algunos minutos en el local. Afuera, los amigos observaron el panorama y los movimientos concertados de los provocadores: había grupos de nazis apostados en las esquinas y en la vereda de enfrente, mientras una patrulla volante de ellos mismos recorría continuamente la cuadra, de manera que regresamos muy pronto.
De regreso en el Volga, los muchachos se dieron cuenta de que la emboscada se cerrada sobre ellos y dos fueron a buscar nuevamente a la policía pero los carabineros se habían esfumado del barrio. El dueño del bar, cada vez más nervioso, exigió que se retiraran, los muchachos formaron dos grupos: uno se fue rumbo a la Alameda, el otro hacia el sur de la ciudad. Algunos se armaron de botellas de cerveza para defenderse.
Cuando el grupo que se dirigía hacia avenida Matta salió, algunos nazis retrocedieron hacia San Diego con Santiaguillo. Los jóvenes socialistas, envalentonados, apresuraron el paso, "con la actitud del que tiene armas y una gran seguridad de sí mismo", pero no eran una milicia socialista con camisas aceradas e instrucción paramilitar, eran un grupo de muchachos, iban armados de juventud, de verbo... de poesía. Un grupo de los perseguidos dobló hacia Arturo Prat mientras el otro siguió por San Diego hacia Matta. Los jóvenes, poetas y militantes, siguieron a los primeros motejando a los nazis de asesinos: "íbamos belicosos, embriagados de indignación, llenos de irresponsable entusiasmo". Entonces los perseguidos hicieron los primeros disparos... como toda la situación, paradójicamente, los tiros envalentonaron más aun a los perseguidores que corrieron tras los nazis aumentando los insultos. Al llegar a Matta, desde Arturo Prat los tiradores se encontraron con un grupo más numerosos de los suyos y los disparos menudearon. Un socialista cayó herido frente a la Escuela de Artes Aplicadas. Sin embargo, los jóvenes continuaron con la persecución, acercándose peligrosamente al cuartel nazi que se ubicaba en las inmediaciones de las Calles Copiapó y San Francisco. En Matta con Aconcagua la persecución culminó. Los nazis formaron una línea de fuego: algunos tendidos, otros arrodillados y otros de pie dispararon contra los muchachos: Algunos nos lanzábamos al suelo. Otros se refugiaron en los huecos de las puertas. Barreto, que iba a la descubierta, por el medio de la calle, corrió en busca de protección y fue alcanzado por una bala. Cayó a unos treinta metros de Avenida Matta…
Los jóvenes se desbandaron y los tiradores esta vez los persiguieron, uno de los nazis se detuvo a patear a Barreto en la cabeza hasta hundirle la sien, otros sacaron sus cortaplumas y tajearon varias veces su frente.
La calle se llenó de gente, apareció un sargento de Carabineros quien levantó su sable para defender al caído. Entre los curiosos que aparecieron había, extrañamente, agentes de la policía civil. En ese ambiente de confusión, irónicamente, los compañeros del caído fueron apresados por la policía y conducidos a la 4ª Comisaría de Carabineros. El malherido fue trasladado a la Posta Nº 2 de la calle Chiloé esquina Maule, muy cerca del ataque, con numerosos golpes y una bala en el vientre que le provocó múltiples hemorragias. En la madrugada los arrestados fueron avisados que el herido estaba en estado grave y necesitaba una transfusión; se aprestaron para ser donantes pero un policía se les había adelantado.
El lunes 24 en la mañana la edición de La Opinión, el periódico del Partido Radical Socialista, informó en detalle lo acontecido en la madrugada de ese domingo. A sus prensas habían llegado los miembros de la Juventud Socialista quienes hicieron responsable del acto al "Jefe" González von Mareés, y llamaron a las organizaciones de izquierda, especialmente al Frente Popular y a la Alianza Libertadora de la Juventud, para colaborar en los funerales. A la FECH le solicitaron convocara a un paro de 24 horas por que la mayor parte de los nacistas implicados en el asesinato eran universitarios. Allí llegó también una delegación de los comunistas a hacer pública su adhesión al PS.
La editorial de La Opinión reflejaba el ánimo que cundió no sólo en la izquierda política sino también entre los intelectuales antifascistas “Barreto era una de los mejores escritores de la nueva generación. No era una promesa, era ya una realidad. Habría sido uno de los mejores prosistas de la lengua. A pesar de su corta edad, apenas veinte años, era ya conocido en toda América. Sus cuentos se reproducían en revistas extranjeras y causaba la admiración de los mayores. Sólo el odio del cretino a la inteligencia, el odio de la bestia al hombre, puede explicar este crimen inmundo.”
Esto cobra mayor relevancia si notamos que la misiva estaba escrita nada menos que por el consagrado poeta Vicente Huidobro, quien remarcaba ”Pero este crimen repugnante no puede quedar impune. La agitación que reina entre los estudiantes y los amigos del joven asesinado es grande y es lógica. Ellos sabrán exigir el castigo a los asesinos. No voy a apelar a razones sentimentales por demás comprensibles, ni hablaré del dolor y la desesperación de los padres del asesinado. Baste el simple sentido común para comprender que es imposible dejar armas en manos de alimañas electrizadas por cuatro frases histéricas hechas a medida de alimañas”.
El martes 25 los restos de Barreto fueron enterrados. Desde la mañana se preparaban las distintas organizaciones de la izquierda para acudir al sepelio que alcanzaba proporciones extraordinarias. Todo el día anterior miles de personas habían acudido a visitar la capilla ardiente dispuesta para el homenaje. El Partido Socialista había convocado a toda su membresía con sus uniformes oficiales a acudir en masa al cementerio. La editorial de La Opinión de ese día denunció el crimen como un intento del nazismo de ganar apoyo en los sectores plutocráticos en contra del avance electoral de la izquierda.
Las organizaciones sindicales y políticas que se hicieron presentes abarcaban todo el arco de la izquierda de la época. Los obreros y empleados de la Editorial Ercilla no quisieron estar ausentes de los homenajes y enviaron una carta al director de La Opinión, en la que manifestaban su protesta por la muerte de su amigo y colega, destacaban su prometedora carrera literaria y rechazaban como calumniosas las declaraciones de El Trabajo, que sostenían que Barreto portada armas en el momento del enfrentamiento y que habría hecho uso de ellas.
La columna que esa tarde se dirigió al Cementerio General abarcó diez cuadras, convocó a unas treinta mil personas. Sólo entonces pudieron unírsele los compañeros del caído quienes salieron de la prisión minutos antes.
La Columna llegó a la plazoleta que antecede al cementerio. Este momento nos permite analizar la alianza política, social e intelectual que formaba la izquierda chilena de la época: viejos líderes sociales o sindicales como Carlos Alberto Martínez, ahora militante socialista; César Godoy Urrutia, líder sindical que después de la división del PS en 1940, terminaría sus días como militante comunista; ex dirigentes estudiantiles de la década de 1920, como Óscar Schnake, fundador del Partido Socialista y en ese momento su secretario general; intelectuales y poetas como Vicente Huidobro y Blanca Luz Brum, poetiza uruguaya y militante aprista, esposa del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Todos formarían las columnas del Frente Popular que ganaría la presidencia de la República dos años después.
En el discurso central, Marmaduque Grove, el "líder vitalicio" del Partido Socialista, terminó su intervención con el grito de guerra tradicional de la izquierda de la época: "no pasarán", grito que había popularizado la Guerra Civil Española y que se transformaría en la consigna del Frente Popular chileno.
Tiempo después, en su tumba se colocó una escultura hecha con el molde de la cara del joven escritor, obras de Manuel Banderas, y en la que se leía otra de las consignas popularizadas en España y que fuera la frase con que el poeta terminara su relato sobre la matanza de Ranquil: "el color de la sangre no se olvida...".
NACE EL MITO
¿Por qué Héctor Barreto se transformó rápidamente en un mito para la izquierda de la época y no sólo para el Partido Socialista? Barreto no tenía una larga militancia en la izquierda -su única filiación duradera era con escritores y poetas, a lo más compartía su "sensibilidad"; tampoco pertenecía por lazos familiares a la política, pero el ambiente de la época lo empujó a entrar en las filas del socialismo. Entonces, más allá de ser una de las tantas víctimas de la violencia política que dejaba caídos por lado y lado ¿Por qué exactamente a él y no otros como Llanos o Bastías -también socialistas caídos en enfrentamientos con el nazismo criollo- se convirtió en leyenda? ¿Por qué el mito de la vida y muerte de Barreto se parece tanto a la vida y muerte del poeta ácrata Gómez Rojas, la víctima de la oligarquía en 1920?
La leyenda de Barreto se comenzó a tejer casi desde el mismo momento de su muerte. ¿Cómo se articuló para llegar a tener un significado en la cultura de la izquierda chilena?
En el plano político su figura fue capitalizada por el partido al que había ingresado recientemente; en los años siguientes, el Comité Regional de Santiago de la Federación Juvenil Socialista editó al menos cuatro números de la revista Barreto. Hemos tenido a la mano el cuarto número del año 1940. Para entonces la muerte del joven cuentista era presentada como parte de la lucha desarrollada por los jóvenes socialistas en contra del fascismo… ”Nosotros, en los gloriosos años del 35, 36 y el 37, combatimos sin tregua a los nazistas criollos. Les hicimos morder el polvo, más de una vez y ellos corrieron como gatos escaldados detrás de nuestros puños tensos. El 23 de Octubre de 1938, batimos a la reacción. Ahora, después de tantas luchas, después de haber dejado muertos, como Barreto, Llanos y Bastías, en el terreno, tenemos autoridad suficiente para decir y afirmar hoy día, a la reacción y al fascismo: ¡Ustedes, no han de pasar! Tenemos autoridad, también, para no tolerar caprichosos virajes que pueden mixtificar la promesa de Pan, Techo y Abrigo que significa el Frente Popular. Tenemos autoridad, por último, para gritar, en la calle y en las plazas de todos los pueblos y aldeas de Chile, que exigimos al Gobierno actual el cumplimiento inmediato de todas nuestras reivindicaciones juveniles”.
Un artículo de Carlos Briones Olivos, probablemente el entonces secretario general de la FJS, en el que aprovecha el cuarto aniversario de la muerte de Barreto "caído en lo más álgido de la lucha contra el fascismo criollo de los González von Marées", para fijar la posición política de su organización… “El recuerdo del sacrificio heroico de nuestro camarada ha de servir a la F.J.S., para mantener firmes sus posiciones doctrinarias, para aplastar el oportunismo y para orientar, dentro de los organismos de nuestro Partido, todas las actuaciones por la senda prístina de la Revolución Socialista.”
Otra de las publicaciones socialistas de la época, la revista Barricada, el órgano de la FJS, publicó en 1940 un número que nos permite analizar los cortos e intensos años por los que había pasado el socialismo local y donde parecían haberse superado las contradicciones que afloraban entre un partido que se quería revolucionario y su participación en un gobierno liderado por un partido "burgués". Administrada por Samuel Arnoff y Emilio Vassallo estaba dirigida por el historiador Julio César Jobet; funcionaba como una revista teórica y política orientada a discutir la estrategia del partido. Incluía debates y colaboraciones de teóricos marxistas europeos y latinoamericanos: Marx, Engels, Lunacharsky, Andrés Nin, latinoamericanos como Mariátegui; o "indoamericanistas", ex marxistas como Haya de la Torre, entre otros.
En el plano literario, pero más exactamente el de los escritores, se inauguró una nueva figura política: la del intelectual militante, el escritor comprometido con las causas de la lucha internacional. Esto porque la muerte de Barreto sirvió para que otros imitaran su actitud y reconocieran filas en el socialismo chileno; por ejemplo, su amigo Miguel Serrano se inclinó, al principio, por seguir los pasos de su amigo fallecido… “A nosotros, sus hermanos, sus amigos entrañables, nos afectó más allá del alma, en las entrañas del mismo ser. Los soñadores, los reclusos, debimos también salir a las calles a luchar por un cambio a fondo en la sociedad chilena. Guillermo Atías, Irizarri y Julio Molina entraron al socialismo. Yo empecé a escribir en periódicos de izquierda. Barreto se había hecho muy amigo de Raúl Ampuero; yo también, hasta su muerte.”
Pero en el plano de los géneros, y en especial el del cuento, la figura de Barreto se volvió obligada a la hora de hacer un recuente de la producción. En 1938, el mismo Serrano -quien se ocupó de preservar el legado del joven escritor-, lo incluyó en su Antología del Verdadero Cuento Chileno. Veinte años después fue incluido en la Antología de Cuentistas Chilenos, 1958, de Mariano Latorre. Una década después, Enrique Lafourcade, lo incluyó en su Antología del Cuento Chileno (1969).
Pero incluso para las generaciones actuales la figura difuminada del poeta está presente en escritores como Reinaldo E. Marchant quien lo elogia con estas palabras… “Llama la atención la madurez narrativa en los escritos de Barreto. El manejo de la prosa, briosa, elegante, de una carga de belleza que impacta, pareciera ser una creación de un autor mayor. Tenía una seguridad sin límites en cada palabra, frase y descripción. Su talento era indudable, prometedor. Su cultura y conocimientos, asombran. Era un cuentista de aquellos, con una pluma suelta, la vena caliente y una imaginación desbordante, cosmopolita. Hay en sus cuentos atisbos de realismo mágico. El mismo género que décadas más tarde autores como Juan Rulfo y Gabriel García Márquez popularizaron a nivel
Pero más allá de esta construcción mítica de un joven con una carrera literaria trágicamente interrumpida, lo que extraña es la poca investigación que se ha hecho de su persona y su obra. Sólo recientemente se ha publicado un libro que reúne sus cuentos y hace un pequeño esbozo biográfico: Historias ociosas, cuentos y relatos, de Rafael Videla Eissmann. Un trabajo introductorio pero que deja grandes vacíos y preguntas sin contestar.
¿Cómo llega hasta hoy la figura de Barreto? ¿Qué se recuerda de él? Como otros héroes de la izquierda de esa época y las posteriores, su imagen se vuelve borrosa y se la asocia a sus otros compañeros de partido e infortunio. Un viejo militante socialista, nostálgico de los años de lucha y gloria del partido recuerda… “He llegado a los 80 años de edad y he tenido la oportunidad de luchar desde los 14; es que -sin jactancia- puedo decir que los de mi generación hemos sido parte de la historia, haciendo cosas buenas y malas, pero las hicimos. Recuerdo que siendo jóvenes como cristianos metodistas y socialistas revolucionarios, simultáneamente, nos sentíamos interpretados por los mártires de la gloriosa Federación Juvenil Socialista (FJS) Manuel Bastías, Julio Llanos y Héctor Barreto. Más tarde seguiríamos a nuestro Secretario General, Raúl Ampuero en la reconquista del Partido para el Socialismo. Habían caído algunos de los nuestros como Roberto Lisboa, en la represión en Plaza Bulnes. Elmo Catalán en Bolivia, Raúl Valdés en las afueras del Teatro Teletón, después.”
Como en este caso, el recuerdo y el rescate de la memoria de Héctor Barreto se ha mantenido; su nombre aflora en algún centro cultural, organizaciones vecinales y de barrios pero no en las celebraciones oficiales de la política. Es como si el acto heroico que lo llevó a la muerte sensibilizara a pequeños grupos que mantienen, más que el conocimiento de su persona, el mito de su existencia efímera.
Fernando Marcos, su compañero y testigo de su muerte la noche del 23 de agosto de 1936, escribió hace pocos años, sintetizando el significado de la muerte de Barreto y proyectando el mito construido desde el momento del asesinato, que está en las bases culturales de la izquierda chilena: Héctor Barreto es un hombre-símbolo, cuyo recuerdo debe ser mantenido con calor, como ahora se hace. Es un símbolo de la juventud obrera e intelectual de aquellos años, que detuvo el avance del fascismo en nuestro país. [...] En la lucha mundial de la democracia contra el fascismo, esa juventud dio un aporte generoso, escribió un capítulo hermoso de nuestra historia, que se sintetiza en los nombres de Héctor Barreto, Manuel Bastías y Julio Llanos.
Lucha heroica por la democracia y contra el fascismo, una izquierda siempre joven con dos sólidos elementos fundantes: la cultura obrera e intelectual... y el martirologio de quienes cayeron en el fragor del combate.
Extracto de un texto de Fabio Moraga Valle “El asesinato de Héctor Barreto y la cultura política de la izquierda chilena en la década de 1930”.
Semblanza de Héctor Barreto por Fernando Marcos.